Historia de Guisa.

Desde los propios inicios de la independencia en que el campesinado se esforzó por contribuir a incrementar el desarrollo del territorio, éste se verá pobremente reflejado en la educación y la cultura, donde lo más representativo fue la creación de algunas escuelas públicas para la enseñanza elemental y otras privadas. En las públicas sólo se podía alcanzar hasta el 5to grado y en una de las privadas (que funcionó de 1953 a 1956) se impartía hasta el 8vo. g La reanimación económica, ni siquiera logra atenuar las necesidades más urgentes, la atención a la salud dependia de tres médicos con consultas privadas; la mayor parte de la población era analfabeta, sobre todo en el sector rural. La enseñanza media, técnica y profesional en planteles de otros pueblos o ciudades es posible únicamente a la clase burguesa o familias acomodadas. Luchas de Liberación Durante las guerras por la independencia, Guisa figura como un vértice del triángulo estratégico conformado por Bayamo-Guisa-Jiguaní y en su escenario acontecieron 11 enfrentamientos, el de mayor envergadura fue la última gran batalla de la Guerra del 95, dirigida por el mayor general Calixto García Iñiguez, los días 28 y 29 de noviembre de 1897, en la cual quedó el pueblo demolido. Al finalizar la guerra del 95 los propios mambises se entregan a la reconstrucción del pueblo y con el advenimiento de la república neocolonial Guisa queda comprendida como barrio de Bayamo, cuya vida económica y social sigue dependiendo únicamente de la tierra. Acorde con la Resolución 62, en 1916 se produce el deslinde de las últimas 673 caballerías del Marquesado, una parte en poder de Antonio Casas González en 1928 mediante hipoteca. Con el objetivo de realizar un negocio fabuloso, el nuevo propietario, con la guardia rural como instrumento, desaloja a los campesinos del sector rural y se establece el pago obligatorio de los solares en el urbano, donados por Silva y Ramírez para la fundación del pueblo. Contra estas injusticias los vecinos de Guisa se lanzan a las calles y en 1934 crean el Comité Proexpropiación, el cual, en lucha tenaz y con el apoyo de varios delegados, logra la aprobación del Artículo 97 de la Constitución del 40, referido en esencia a la expropiación de estas tierras. Conquista desatendida hasta la promulgación de la Ley 1 300 de 1951, la que sirve de base para el proceso expropiatorio, utilizado por los politiqueros, incluso por Fulgencio Batista en 1957, y que hará efectiva el gobierno revolucionario en septiembre de 1959 El Partido Unión Revolucionaria Comunista (URC), luego PSP fundado en Guisa en 1938, dirige su labor política ideológica hacia las montañas y organiza en sus filas a unos doscientos campesinos, quienes crean las asociaciones de Los Saos y Bejuquero y mantienen una lucha constante contra las prerrogativas y abusos de los terratenientes. La aparcería se impone, afluyen nuevos campesinos desalojados hacia las montañas, y la producción del café ocupa el primer plano, seguida por el tabaco. Ambos renglones, la minería, el incremento del ganado y los frutos menores propician el surgimiento de algunas industrias y el desarrollo del comercio, las comunicaciones y el transporte.

En 1952 desaparece toda esperanza de cambio político y social con el golpe de estado de Fulgencio Batista, repudiado en acto público por los guiseros el propio 10 de marzo. Ya con el asalto a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes, el repudio toma carácter conspirativo y permite, con la presencia de Frank País en enero de 1956, organizar el Movimiento 26 de julio en este sector de la Sierra Maestra.

Al producirse el desembarco del yate Granma, Guisa se convierte en base de suministro para los rebeldes. En mayo de 1957 Fidel Castro recorre el suroeste del territorio y comienzan los alzamientos de campesinos, estimulados luego por los combates de Pino del Agua y un nuevo recorrido de Fidel hasta Victorino.

Con la fundación del III Frente toma impulso el movimiento guerrillero, el que después de la derrota de la ofensiva, cuenta con unos 10 grupos. Del 20 al 30 de noviembre de 1958 el comandante en jefe Fidel Castro, al frente de varios pelotones de insurrectos, repite en Guisa la hazaña patriótico-militar de Calixto García en la Guerra del 95, audaz y temeraria acción contra el puesto de mando enemigo en operaciones que inician el desplome de la tiranía.