Joven club Jiguaní II

A horas de celebrarse  la fundación de la  Villa San Pablo de Jiguaní, nuestra instalación brinda servicios que les permiten a los usuarios tener conocimientos de lo que es hoy nuestro pueblo.

Jiguaní una génesis netamente aborigen; el propio nombre con que se le designa forma parte de los vocablos aborígenes recogidos en la toponimia geográfica; Don Antonio Bachiller y Morales en su obra “Cuba primitiva” donde se aborda el lenguaje aborigen, plantea que Jiguaní significa “Arena de Oro”.

Al respecto existen muchas versiones, lo cierto es que la oralidad que ha llegado hasta nuestros días  lo ha definido como  “Río de Oro”.

En este territorio están dispersos varios sitios donde se han encontrado evidencias  fehacientes de la existencia de asentamientos  de estas comunidades primitivas en sus diferentes etapas de desarrollo socioeconómico, ya sean subtainas o tainas; allí se han encontrado en perfecto estado majadores, morteros, percutores, burenes hachas petaloides y fragmentos de vasijas de cerámica.

Entre los sitios arqueológicos localizados tenemos:  la Loma del Fuerte, Calabazar, El Faldón, La Rinconada, Las Cabezas, Jiguaní Abajo, El Huerto, La Pelúa, Cuatro Caminos, Dos Ríos y La Yaya;  los sitios de La Rinconada y la Loma del Fuerte están considerados como sitios de contacto  indocubano en la etapa de economía productora (agricultores – ceramistas).

La fertilidad de las tierras dada por la abundancia de ríos como el Cauto, Contramaestre, Jiguaní, Baire, Cautillo y la tupida vegetación hicieron de este territorio un envidiable paraíso para desarrollar la caza la pesca y la incipiente agricultura que les caracterizaba, además de proveerlos  un seguro y apartado refugio.

En 1656 ya nuestros nativos contaban con un protector, el que defendía su derecho a vivir en estas tierras; la administración de esta comarca pertenecía a la Villa San Salvador de Bayamo.

Los indios de los corrales de Jiguaní Arriba y Jiguaní Abajo trataron de fundar una población con los miembros de su clase que vivían fundamentalmente en la zona de Bayamo, pero ya estas tierras estaban siendo repartidas desde 1622, iniciándose los litigios entre hacendados y naturales; estos últimos, en aquel primer intento fueron obligados a salir de la región por las autoridades bayamesas.

Miguel Rodríguez descendiente de español e india y nacido en Bayamo, se erige como representantes de estos y se traslada al territorio del conflicto para buscar un lugar adecuado y protegido para los miembros de su raza que quedaban, siendo Jiguaní el lugar escogido, no obstante, su lucha fue enconada con los hacendados de la zona,  especialmente con Jerónimo Palacín, propietario de la finca de Jiguaní Abajo, a tal punto llegó la querella que Rodríguez elevó una queja al gobernador político y militar de la Provincia, demandando el amparo de esta comunidad de indios naturales.  El Gobernador dicta un decreto de amparo a favor de Miguel  Rodríguez sobre los territorios que ocupa la comunidad que representa y que este denomina Corral de Jiguaní Arriba.

Una vez que se establecen los límites de los territorios, Jerónimo Palacín queda como dueño del Corral de Jiguaní Abajo y Rodríguez del Corral de Jiguaní Arriba.

Amparado en el decreto que emitió en Gobernador de Cuba (Santiago de Cuba) protegiendo a los naturales que defendía, Miguel Rodríguez decide fundar un pueblo en dicho corral, situado junto al río Jiguaní, consiguiendo la creación del curato San Pablo de Jiguaní y su aprobación el 15 de abril de 1700.

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