Amanecer de un 19 de mayo.

Amanecer de un 19 de mayo.

Hoy el comentario sólo rebasará al impacto que ha causado en mí las imágenes captadas por el lente de la cámara, esta es la n-ésima vez que visito este pedazo de tierra divina que fue abonada por la sangre del más grande de los cubanos: José Martí. Transcurrían las primeras horas de la madrugada del 19 de mayo de 2015, un mar de actividades desarrolladas alrededor del obelisco permitían a miles de cubanos presentes allí, con fiestas, bailes, poesías, teatro y algunas más son indescriptibles, esperando el 120 aniversario, decenas de casas de campañas se instalaron en los bosques de este sitio para homenajear al Apóstol.

La primera vez que mis hijos visitaron este lugar fue hace más de 23 años, ese día para mí sufrió un impacto al ver hecho realidad una de las promesas que les hice, de llevarlos al sitio donde cayera el hombre que escribió los versos sencillos, me sentí más realizado en ese instante porque cumplía un paso de mi tradición familiar, ir cultivando en las nuevas generaciones ese amor infinito por el Héroe Nacional.

En esas primeras horas me dirigí al monumento, hice varias tomas, de ellas  quiero compartir estas dos que ha decir de Ramón, (sin abusar de la memoria),  uno de los Cinco Héroes, allí reunido después del acto con la juventud, expresó: “… no me gusta decir que Martí murió, los grandes nunca mueren, los grandes se siembran…”.

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