Nuestros niños y las redes sociales.

Nuestros niños y las redes sociales.
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Cuba garantiza los derechos de nuestros niños.

Cuba es un país único en el mundo. Tenemos características y un estilo de vida que nos vuelven irrepetibles. Una de las cualidades que nos hacer especiales, precisamente es la seguridad de nuestros niños. Y es que la infancia ocupa un lugar privilegiado en nuestra sociedad. Sus derechos están respaldados en La Convención sobre los Derechos del Niño y garantizados en la Constitución de la República de Cuba y, por consiguiente, en el Código de Familia. En ellos se establece que la principal escuela del niño es la familia. Por tanto, le que corresponde a esta velar por la seguridad e integridad de los pequeños, más que a cualquier otra persona e institución.

Estamos acostumbrados a pensar que nuestros niños siempre van a estar a salvo. Pueden jugar libremente en las calles. No siempre van a la escuela en compañía de un adulto, porque no siempre es necesario. El padre cubano no siente el temor de que su niño o niña sea secuestrado. Mucho menos que sea maltratado física, psicológica o sexualmente por desconocidos, siempre y cuando se tenga el cuidado y la atención necesaria.

¿Son seguras las redes sociales para los niños?

El avance vertiginoso de las nuevas tecnologías y las nuevas formas de comunicación han permitido que una buena parte de los padres cubanos pongan en manos de sus hijos dispositivos tecnológicos que permiten la conexión a Internet y, por tanto, a las redes sociales. Si bien es cierto que a través de estos dispositivos se puede acceder a un universo de conocimiento y entretenimiento, estos también pueden convertirse en un arma de doble filo.

En nuestro país, por ejemplo, la adquisición de la bolsa de correo permite por un precio módico, acceder a aplicaciones nacionales. En muchas de estas los principales usuarios son niños y adolescentes. Tal es el caso de ToDus, una apk que con cada actualización trae novedades atractivas para los más jóvenes. Esta tiene, entre otras facilidades la posibilidad de crear grupos entre amigos o desconocidos. Y es ahí donde radica el verdadero peligro. Si los padres no están al tanto de lo que consumen y comparten sus hijos pueden ser vulnerables al ciberataque. Aunque, en muchos casos son ellos los que atacan. Hay que tener en cuenta que esta generación nació junto con las nuevas tecnologías. Por tanto, son mucho más asiduos e inteligentes en ese sentido. Necesitan, bajo cualquier circunstancia, la supervisión de un adulto.

Antes veíamos en la televisión el ciberacoso como algo lejano que nunca les sucedería a nuestros niños ¡Alerta!. El simple hecho de compartir con extraños ya es suficiente para poner en peligro la integridad de nuestros niños. Su personalidad y carácter no se ha terminado de formar. Por lo tanto, pueden ser manipulados de manera tal, que la otra persona pueda obtener de ellos y ellas justo lo que estaban buscando. “A buen entendedor, con pocas palabras basta”.

Los padres

Nunca puede ser para un padre demasiado el tiempo que se le dedica a los hijos. Si somos capaces de trabajar y esforzarnos por poner en sus manos dispositivos tecnológicos de un elevado precio en el mercado, debemos serlo también para cuidar y supervisar sus actividades en estos. Un niño no debe tener privacidad en su teléfono celular. Éste es el primer error de los padres. Existen maneras de monitorear las redes sociales de los niños desde tu propio teléfono. Sólo tienes que administrar todas sus claves y contraseñas.

Un elemento importante para evitar que tu hijo o hija corra peligro a través de las redes es el horario. Un adolescente cuyos padres duermen, con un teléfono en la mano a altas horas de la noche, no siempre está jugando Free Fire. Así que, además de velar por su salud física, el padre debe cuidar de la integridad de su hijo, garantizando que este vaya a la cama, en una hora adecuada para su edad.

Cuidemos de nuestros pequeños. Ellos son el futuro del mundo. Garanticemos, por tanto,  que sea un futuro de hombres y mujeres de mente sana. Libres de traumas emocionales y psicológicos que afecten su vida adulta. Seamos buenos padres y liberemos el tiempo que dedicamos a cosas banales, a una verdadera educación para nuestros hijos.

 

 

 

 

 

 

 

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