Reencuentro de Raúl y Fidel en cinco Palmas

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En horas de la mañana de hoy 18 de diciembre de 2018, se efectúa en el Joven Club Manzanillo II, del Reparto Camilo Cienfuegos en la ciudad del Golfo del Guacanayabo, un matutino especial para rememorar el reencuentro de Fidel y Raúl en cinco Palmas, participaron los usuarios asistentes al centro, y los instructores del centro.

Luego de haber estado separados tras el combate de Alegría de Pio, el 18 de diciembre de 1956 en el lugar conocido por Cinco Palmas, en el municipio de Media Luna en Granma, tuvo lugar el encuentro entre Fidel y Raúl Castro. Allí Fidel contó siete fusiles, y aseveró que bastaban para ganar la guerra. El hecho trasciende en el tiempo como premisa insoslayable del pensamiento de Fidel, quien nos enseñó a nunca rendirnos ni ante las más adversas circunstancias.

 Con siete armas se inició de nuevo la contienda en la Sierra Maestra y al cabo de dos años el ejército de la tiranía, supuestamente invencible, había sido liquidado y el pueblo victorioso empuñaba los 80 mil fusiles que un día se esgrimieron contra la nación

La mañana del 18 de diciembre de 1956 había comenzado tranquila para Fidel Castro Ruz, quien desde el día 16 permanecía en la finca El Salvador junto a Faustino Pérez Hernández y Universo Sánchez Álvarez. Los tres expedicionarios habían llegado a la zona de Vicana Arriba en las estribaciones de la Sierra Maestra, luego de sortear el acoso enemigo tras el descalabro de Alegría de Pío, realizar largas caminatas y enfrentar la escasez de agua y alimentos.

Poco a poco, en la finca de Ramón Mongo Pérez, hermano de Crescencio Pérez, se fueron reagrupando varios de los expedicionarios del Granma, auxiliados por colaboradores vinculados al Movimiento Revolucionario 26 de Julio. Guillermo Gar­­cía y Crescencio Pérez formaban parte de los campesinos que organizara Celia Sánchez Manduley para apoyar el desembarco del Granma. Ambos, desempeñaron un papel decisivo en la protección de los combatientes y en la recogida de armas dispersas.

Alrededor de las 10:00 de la mañana del 18 de diciembre, Primitivo Pérez, un trabajador de la finca, le trajo a Fidel una cartera de piel que contenía la licencia de conducción mexicana de Raúl.

«¡Mi hermano! Dice Fidel con alegría cuando ve el documento. ¿Dónde está? Y luego inquiere de inmediato, sin esperar la respuesta a la pregunta anterior: ¿Anda armado?»

Primitivo le explica que esa mañana Hermes Cardero, un vecino, ha traído la cartera para entregársela a Mongo. El campesino le explicó que el documento se lo dio un hombre que esa madrugada había llegado a su casa, y que se identificó como Raúl Castro.

Ante la duda de que fuera una artimaña del enemigo para detectar a Fidel, el líder revolucionario diseñó una estrategia infalible. Le dio a Primitivo los nombres y los apodos de los extranjeros que vinieron en el Granma y lo dijo que si al preguntar por ellos coincidía la información, tendríamos la certeza de que eran Raúl y sus compañeros.

Horas más tarde regresó Primitivo con la noticia que efectivamente su hermano Raúl estaba muy cerca y que lo acompañaban otros cuatro combatientes —Efigenio Ameijeiras Delgado, Ciro Redondo García, René Rodríguez Cruz y Armando Rodríguez Moya—, todos portando sus armas. Fidel decidió esperar la no­che para el trascendental encuentro.

«Al fin, a la medianoche, sienten acercarse a unos hombres. Bajo las palmas nuevas del cañaveral de Mongo Pérez, los dos hermanos se estrechan en un emocionado abrazo, y se produce el diálogo histórico:

—¿Cuántos fusiles traes? —pregunta Fidel a Raúl.

—Cinco.

—¡Y dos que tengo yo, siete! ¡Ahora sí ganamos la guerra!»

Esta histórica frase, cuyo significado ha trascendido en el tiempo como máxima expresión del optimismo, acompaña a todo revolucionario cubano, como premisa insoslayable del pensamiento de Fidel, quien nos enseñó a nunca rendirse aun ante las más adversas condiciones, a convertir los reveses en victoria y a mantener la fe en el triunfo. Así fue en el Moncada, en el Presidio, en el exilio, en la lucha en la Sierra y en la defensa de la Revolución triunfante el Primero de Enero de 1959; así fue cuando con el derrumbe del campo socialista muchos pensaron que la Revolución Cubana fenecería y así será aunque físicamente ya no está, porque el reencuentro en Cinco Palmas hace 60 años, es un símbolo revolucionario, es la clarinada que nos demostró como dijo Raúl el pasado 3 de diciembre que sí se pudo, sí se puede y sí se podrá.

63 Aniversario de  Fidel y Raúl en Cinco Palmas: un reencuentro con eterna vigencia  #JovenClubCuba

 

 

 

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